Hidratante:

El agua, igual que sucede con el aire, es un elemento esencial para la vida. En los adultos, supone en torno al 70 % del peso total, de los que el 20 % se concentran en la piel, y con la edad ese porcentaje va disminuyendo. El papel del agua resulta fundamental, permitiendo el intercambio con el exterior: el agua se desplaza de la dermis a la epidermis empapando las distintas capas al dispersarse.

La deshidratación puede ser resultado de una serie de factores que suceden en el día a día como: cambios de temperatura, contaminación, rayos UV, tabaquismo, alcohol, cansancio, depresión…Es por ello que la primera regla básica y fundamental para cualquier ser es beber un mínimo de un litro y medio diario de agua para un correcto funcionamiento de nuestra piel.
También se sabe que la piel tiene memoria y los excesos cometidos en el pasado se manifiestan en la edad adulta en forma de arrugas, manchas solares, flacidez, alteraciones de la textura, poros dilatados y pérdida de la luminosidad de la piel.

La buena apariencia de la piel está relacionada con el grado de hidratación. Así pues, podríamos decir que una crema es hidratante cuando intenta restaurar el agua en la piel aportando la cantidad suficiente que necesita la célula para sus funciones metabólicas.